RESEÑA HISTÓRICA DEL MUNICIPIO


Tangancícuaro fue una población prehispánica del reino Tarasco o P’orhé, pero originalmente asentada en un paraje cercano que ahora se conoce como Las Capillas, según lo revelan los vestigios arqueológicos encontrados en el lugar.


Después de la Conquista, se llevó a cabo la evangelización en esta región, inicialmente por los religiosos Franciscanos –que lo trasladaron a su asiento actual– y, posterior y definitivamente, por parte de los frailes agustinos, que fundaron en Tangancícuaro una doctrina con su iglesia y, al correr de los años, un pequeño convento con cinco religiosos y un hospital, y le dieron al pueblo y habitantes su vocación agropecuaria inicial.


En el mismo siglo XVI se le asignó el nombre de “Tangancícuaro de la Asunción” y en la administración religiosa, dependió del curato de Jacona; y para el siglo XVII en lo civil dependía de la jurisdicción de Zamora.


El siglo XVII, bajo la administración de los Agustinos fue el siglo de consolidación del poblado y sus estancias, haciendas y ranchos vecinos, que prosperaron todos gracias al cultivo intensivo de maíz, lenteja y trigo, y a la cría de ganado mayor.

Fue ya durante el siglo XVIII, con la expansión de los caminos de herradura, que desde el pueblo se organizó un vasto sistema de comercio en carretas y rodados, recuas y chinchorros, con los que se pudo llevar y comercializar los productos locales y los de la región entera hasta los puntos más distantes de toda la vasta geografía de la Nueva España.

Al solo iniciar el siglo XIX, por causa de la guerra de Independencia, Tangancícuaro fue incendiado (30 de octubre de 1816), y aunque se reconstruyó rápidamente, su progreso y crecimiento se estancó por causa de los siguientes conflictos bélicos de la Guerra de Reforma y la Intervención Francesa.

Sin embargo, en 1822 ya contaba con Ayuntamiento propio y tenía 2,219 habitantes. El 10 de diciembre de 1831 se constituyó en municipio, y en 1854 se erigió también como Curato Independiente; además de que al pueblo cabecera municipal se le re-nombró “Tangancícuaro, villa de Arista”, desde el 29 de septiembre de 1859 en memoria del general Mariano Arista.

Durante el periodo porfiriano (1876-1911), el pueblo y la región vieron llegado un segundo momento de auge económico y de modernización: se inauguran los servicios de telégrafo, teléfono y alumbrado público y se trajo incluso el primer vehículo automotor; el pueblo llegó entonces, en 1900, a los 3,236 habitantes y el municipio a 9,193.

Con la llegada del Programa Bracero (1942), se reactivó la migración temporal a los Estados Unidos; el pueblo entró en un tercer proceso modernizador, el progreso se evidenció en el establecimiento de escuelas; se reconstruyeron y modernizaron las iglesias, el mercado, la presidencia; aparecieron los campos deportivos y se multiplicaron las colonias y los fraccionamientos; aunque por desgracia, también comenzó entonces la clausura y entubamiento de los ríos, acequias y aguajes; se instaló el Centro de Salud, la electrificación federal, se habilitaron nuevo panteón y rastro, se aumentaron y modernizaron los servicios de agua potable y drenaje y se expandieron vialidades y caminos.

A pesar de las sucesivas crisis económicas de las décadas de los setenta, ochenta y noventa (periodo también en que han salido –casi rutinariamente– la mitad de la población joven casi al instante de alcanzar la mayoría de edad, con destino a otros lares en el país, pero principalmente con rumbo al Norte) el crecimiento y el progreso aún no se han detenido.

 

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